Pienso, luego pienso.

A propósito de un comentario que la Cata A -una amiga de la U- me dejó en un antiguo blog, me puse a pensar en esto que es crear, inventar, pensar.

"[...] esas sensaciones que con el paso del tiempo, van tomando peso, van reemplazando a otras...de sansaciones pasan a ser ideas, a ser concretamente una critica, una palabra, una acotacion, que nos distingue, que ya es parte nuestra y que constituye nuestro crecimiento personal [...]"

En Psicolog, comentarios a Termina todo lo que comienza


Al parecer las ideas se construyen con algo más que la mente. Crecen de a poco, e implican el cuerpo, la identidad, la experiencia, la vida entera. En el colegio me enseñaron que el mundo de las ideas era algo lejano, inaccesible, accesorio. Obvio, te plantaban a leer un Freud o un Platón sin hacernos pensar de verdad. Yo, por mientras, no me podía sacar de la cabeza un verso que necesitaba escribir y que no sabía de donde había salido. Sí, una necesidad. Y llegaba a mi casa con una picazón extrema en los dedos. ¿De dónde había venido ese verso y esa necesidad?

La pregunta que trato de responder es: ¿Qué es pensar?

Siento que desde pequeño me he venido haciendo preguntas. Algunas muy extrañas, sobretodo al principio, otras muy acertadas. Pero quiero enfatizar en que no es que las preguntas las construya demasiado. Me llegan, me asaltan. Y me pillan desnudo. Lo importante es que me movilizan.

Siento que pensar es siempre un acto espontáneo. No estoy hablando del pensar como una tarea adaptativa ni normada, ni como lo que miden los test de inteligencia, El pensar sólo se da, y se da en la dimensión del misterio. La condición humana misma es pensante, en tanto podemos preguntarnos cosas que nos comprometen con la vida misma.

También siento que este pensar del que hablo no es una mera capacidad, sino que constituye lo que verdaderamente nos hace vivir. Preguntarse por el sentido, por ejemplo -independiente de que exista o no- es vivir en esta dimensión. Preguntarse, por ejemplo, por quién soy, es también comprometerse con la propia existencia.

Y, evidentemente, pensar es un proceso creativo. Y aquí trato de entender creación como algo que implica toda la existencia. El crear es el nacimiento de algo desde el misterio, desde un lugar nebuloso, porque la existencia misma lo es. Es un proceso creativo justamente porque es espontáneo y porque compromete. Yo me lo imagino como dar a luz a un hijo. Prescindiendo de las explicaciones científicas, la magia del nacimiento de un hijo es insondable. No vino de mí, no vino de tí. Vino de algo más, de una dimensión mágica. Eso es creación. Preguntarse por ella es pensar.

Y en esta parte es donde empiezo a entender el pensar no como un proceso exclusivamente intelectual, mental, alejado de la vida común y corriente. El pensar es experiencia, es aceptar que no nos queda otra que vivir en la duda, en la incertidumbre, en la incompletitud. Y se siente hasta en el cuerpo. ¿Por qué pensamos? Porque algo nos falta. Pensar es hablar creativamente sobre esa falta, aceptando que nunca la podremos llenar.

La creación no es algo vedado para algunos seres humanos superiores. No es materia sólo de los artistas. La creación hace a lo humano algo verdaderamente humano. La creación, siempre espontánea, implica preguntarse desde dónde vino lo creado. ¿De mí, de tí, de todos?. Ahí está el pensar. Ahí nace la duda. Y la duda mueve. La duda es vida. Deja abierto un espacio que antes estaba cerrado, clausurado, terminado. Sí, como un muerto.

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posteado por Pato.M. @ 1:52 p. m.,

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