Pinochet y la culpa
11.12.06
Pinochet murió hace ya 25 horas y todos los medios han contado hasta el último detalle. Deinitivamente es el punto central de la atención de estos días, y seguramente lo seguirá siendo durante algunas semanas más.
Me gustaría decir algo distinto a lo que he leído en muchas partes. Pero al final decidí que lo importante es lo que yo sea capaz de decir, más allá de si ya fue dicho:
Me cuesta creer que pueda existir gente tan cruel en esta tierra. Quizás seré demasiado ingenuo, pero la verdad es que se me hace difícil imaginar que una persona pueda ser tan perversa para mandar a torturar a miles de chilenos, sólo porque piensan distinto. Es cosa de leer las descripciones de las torturas que salen en el informe Valech, o conversar con cualquier torturado. Sólo nombrarlas me produce un asco tremendo. ¿Le habrá producido lo mismo a nuestro general? Lo dudo.
Algo de estructura perversa tiene que haber por ahí. El General y varios de sus ayudantes delincuentes se han saltado varios diques psíquicos, entre ellos la culpa y el asco. Que bien que algunos se hayan entregado a la justicia, llenos de culpa: no para que sufran, sino para que puedan elaborarla y pedir perdón, que siempre hace bien. Otros que no aguantaron la culpa y no pudieron trabajar decidieron suicidarse.
Me pregunto cómo es que una persona puede vivir con el recuerdo de tanta tortura, asesinato y violencia ideológica. Y quiero que sea una pregunta sincera. Dudo que una persona normal pueda vivir con todos esos recuerdos, porque le generarían culpa, arrepentimiento, asco, etc. Podría decir "hay que ser muy rara 'e raja pa negar" las cosas que pasaron. Pero quiero ir más profundo. La pregunta es:
¿Cómo es posible que una persona no sienta culpa de torturar y matar a miles de seres humanos?
Lo que los medios y la ley no considera son las variables de personalidad dentro de la población. Así como están las cosas, con un Pinochet que se sentaba frente a un micrófono y dictaba las nuevas leyes para millones de personas, pasándose por la raja todas las leyes anteriores, es evidente que ahí hay algo de perversidad. De imponer la propia ley y de renegar de la falta. De usar a otros seres humanos para la consecución de sus ideas.
Siento que hay que ser muy weón para no darse cuenta de que ese señor tenía serios trastornos de personalidad. Pero lamentablemente las personas así son intensamente inteligentes, estrategas, y saben armarse un grupo de cómplices que los protege. Saben usar el secreto como un arma de culpabilización del otro, para no hacerse cargo de su propia culpa. "Héroe", dicen. Le atribuyen el milagro de haber torturado, matado y expulsado a millones de personas que pensaban distinto a él. Pinochet es un niño pequeño que se dio cuenta de que algo le faltaba y decidió esconderse de esa falta, renegarla, irse en contra de esa ley que lo dejó sin nada. Pinochet es un bebé mañoso y cruel. Un niño chico con ametralladora.
Aunque quizás sí podríamos pensar que Pinochet fue un héroe. Después de todo, los super héroes hacen cosas que los hombres comunes y corrientes no pueden. Hacen cosas fuera del alcance de los humanos. Y Pinochet lo hizo. Claro. Era un inhumano.
Etiquetas: Opinión
posteado por Pato.M. @ 2:57 p. m.,