Principios teóricos de la Clínica Freudiana.

Esta semana me di el tiempo de leer un texto pequeño de Ricardo Aveggio: Principios teóricos de la Clínica Freudiana. Lo saqué de el Círculo de Estudios Lacanianos de Chile, y se puede bajar de aquí.

Aveggio hace un breve revisión de los períodos teóricos freudianos, desprendiendo principios clínicos que ordenan, enmarcan y orientan al psicoanálisis.

Durante el período pre-psicoanalítico, Freud -como neurólogo- investiga la histeria, que hasta ese momento sólo había sido considerada como una enfermedad del sistema nervioso. A partir de la noción de los "estados segundos de conciencia", deducidos de los casos de histeria e hipnosis de Charcot, Freud, se abre camino a la causalidad psíquica de los síntomas histéricos, y deja de lado las hipótesis organicistas: las parálisis histéricas tienen un correlato con la manera en que nuestro lenguaje común organiza el cuerpo. El síntoma habla de la representación psíquica del cuerpo y no de la estructura anatómica del organismo. Desde aquí, Freud considera la existencia de un mecanismo psíquico como causa de la histeria: un trauma en la infancia produjo una reacción afectiva desagradable, pero la paciente no reaccionó frente a dicho afecto. El recuerdo se disocia del afecto, y este persiste en su descarga, ahora a través del síntoma. El proceso de cura consistirá en reconectar el afecto con el recuerdo para hacer innecesaria la descarga vía el síntoma. Esta idea implica la permanencia del recuerdo en un estado que no es la conciencia, la búsqueda de la descarga del afecto, la sustitución de lo no elaborado y la resolución del síntoma vía reconexión psíquica, todos elementos centrales en la constitución del psicoanálisis.

Desde aquí, pueden desprenderse principios epistemológicos de la clínica freudiana:


La teoría de la descarga

Freud supone, ya desde su Proyecto de psicología para neurólogos, que la actividad es producida por un quantum de energía que surge del estímulo y que por inercia tiende a la salida del organismo por el aparato motor que generaría la acción, descargando la energía a través del movimiento. El quantum tiende a la descarga, a la manera del proceso de un reflejo. El proceso psíquico transcurre desde el extremo de la percepción hacia el de la motilidad.
El aumento del quatum por sobre un límite produce displacer, y la descarga produce placer. Esto será el el principio del funcionamiento del aparto psíquico: el principio de placer.
Al hablar de la teoría de la descarga se hace inevitable mencionar la noción de formaciones del inconciente, que vendrían a ser representaciones sustitutivas de una descarga denegada por la censura, en una satisfacción secundaria. Aquí, el síntoma histérico es una sustitución de la descarga inhibida.


La disociación de la consciencia:
Defensa y represión

El punto de inicio de los planteamientos psicoanalíticos es el remover con el concepto del inconciente uno de los cimientos de la modernidad: la conciencia. El psicoanálisis se inicia en la fractura de la subjetividad en la condición dividida y discontínua del sujeto. El concepto del inconciente, que comienza como explicación de los síntomas histéricos, presenta desde su inicio una fuerte relación con la teoría de la descarga: la base de las psiconeurosis es una disociación de la consciencia debido a lo cual existen contenidos reprimidos. Estos permiten explicar los síntomas neuróticos en tanto éstos serían la descarga sustitutiva de un deseo al que se le denegó la satisfacción.

La no satisfacción de la tendencia, o más bien, la disociación de la conciencia -otro principio de la clínica freudiana- es producto de un acto defensivo frente a una tendencia que se dirigía a la satisfacción. Aquí, Freud instala el concepto de defensa. De paso, Freud instala la responsabilidad subjetiva en la comprensión del padecer, que tanto diferencia al psicoanálisis de un abordaje biologicista, en el que el organismo es externo a la subjetividad. Pero, ¿porqué defenderse de una tendencia cuya satisfacción produciría placer y satisfacción? Es aquí donde entramos en el campo de la paradoja: la satisfacción produciría placer y displacer al mismo tiempo, frente a lo cual el sujeto niega la satisfacción como una manera de evitar el displacer que ésta conlleva.

Así, para Aveggio:
"Señalamos la serie disociación de consciencia, defensa y represión como los términos que en la teoría dan cuenta de la operación del sujeto que inaugura y sostiene a lo insconciente como aquello que escinde, fractura y sorprende la intención sintética, abarcativa y coherente de la consciencia."


La lógica de la sustitución en la primera tópica

La sustitución es la operación según la cual se producen las formaciones de lo inconciente como medio para eludir la acción de la defensa a través del mecanismo de la represión. El "algo" que la represión mantiene alejado de la conciencia es la líbido, el monto de afecto o factor cuantitativo de la agencia representante de pulsión. La represión opera separando la líbido de la agencia representante. La primera obedecerá a la tendencia a la descarga, y la segunda permanecerá en el inconciente. Las formaciones sustitutivas del inconciente vendrán a descargar de forma indirecta el monto afectivo de la agencia representante. Esta sustitución es por tanto, una satisfacción sustitutiva de un proceso inhibido.
La sustitución forma parte de la estructura lógica del inconciente porque es solidario de la disociación entre representación y líbido, y porque es inherente al estatuto escindido de la conciencia.


La lógica de la regulación en la segunda tópica

Dentro de la esquematización del aparato psíquico en instancias, en esta tópica el Yo ocupa el papel central como el que "lleva las riendas" dentro del aparato. El Yo es un articulador funcional, un mediador de conflicto que asegura el buen funcionamiento.
El Yo regulará la descarga - y por lo tanto la satisfacción- teniendo en cuenta las exigencias del Ello, las limitaciones morales del Super yo y lo que sea importante en el mundo exterior. El acento está puesto en el equilibrio psíquico, en la regulación como operación yoica.

El autor termina señalando que sólo a partir de sus principios una práctica -como lo es el psicoanálisis- puede encontrar su porvenir.

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posteado por Pato.M. @ 2:26 p. m.,

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