A San Telmo los pasajes, viste?

El otro día partimos hacia San Telmo, un barrio de Buenos Aires DF. Nos contaron hartas cosas sobre San Telmo que se supone que nos iban a gustan. Lo curioso es que nos gustaron y lo pasamos la raja. Cuento:

Partimos temprano a tomar el metro, quequeda cerca de la casa de Ana María. Hace tiempo que con el Benja queríamos conocer el metro. Como nos gusta caminar ibamos para todos lados caminando yconociendo, y habíamos dejado el metro de lado, hasta ahora.
Nos habían contado que el metro era antiguo y feo. Y así es como lo encontramos. El metro de Santiago es un verdadero palacio. Acá, los túneles para que las personas caminen desde la superficie a la boletería no superan la altura de 2 metros, y no nos extrañaría ver a algun gringo medio agachado mientras va a comprar su boleto.

En la foto de al lado Benja no está comprando algo para comer. Está comprando los pasajes para el metro. Sí: eso es una boletería. Con dlces, bebidas y sólo un señor que la atiende. Por mientras vemos que el metro es estrecho y muy antiguo. También estudiamos los transbordos que tenemos que hacer para llegar a San Telmo, y nos damos cuenta de que el metro es excesivamente pequeño. Tiene pocas estaciones y todas convergen más o menos en el mismo punto: el Obelisco, en Corrientes con 9 de julio.


Tomamos el metro y nos damos cuenta de que emite un ruido terrible. Le suenan los frenos, el acelerador, la columna y las rodillas. Es cuático. Es como si que quejara todo el rato, de viejo. Subimos y hay poca gente, porque es domingo. El vagón está poco iluminado y tiene un olor fuertísimo a humedad vieja. Se acerca un niño y nos pasa un librito para colorear, a cambio de medio peso. Y varios niñitos aparecen durante el viaje, haciendo lo mismo. No tienen más de 8 años. Incluso vemos a una niñita de unos 5 años, vendiendo lápices con su hermano sólo unos dos años mayor. Bienvenidos a Latinoamérica.

Llegando a San Telmo, nos vimos un poco desconcertados. El barrio en el que fuimos a parar era fome y no había nadie en las calles. Y además estaba lloviendo mucho y había una nube negra y gorda que amenazaba con descargar su rabia sobre Buenos Aires. Era raro: nos habían dicho que estaba leno de gente, tango y ferias de artesanías. Caminamos y caminamos, y de pronto, detrás de un negocio destartalado y triste, se nos aparece un barrio lleno de gringos, restoranes, y mucho movimiento. Parece como si estuviesemos en una feria mercante en Venezuela, Ecuador o cualquier país tropical. Llovía y salió el sol. Además había muchísimos artesanos y gente más pintoresca que la que hemos visto por el centro de la ciudad. Nos sentimos como parte del continente y fue agradable. Un señor estafó al Benja y le vendió un aparatito hecho de goma y cartón que hacía el ruido parecido a una gallina. Sonaba bakán, pero al otro día no sonó más. Parece que la gracia duró menos de 24 horas. La foto de al lado es del barrio, pero no la sacamos bien porque sale muy oscura. Sorry.

De ahí nos dio hambre y nos fuimos a comer un bife chorizo. Ya se ha transformado en un ritual esto de la comida. Sentimos hambre y nos demoramos como 1 hora en buscar un restoran que nos guste. Por suerte Buenos Aires está lleno de restoranes y hemos comido mucho y muy bien. Este restoran no tenía ventanas. Era muy curioso. Afuera caían algunas gotas, pero no muchas. Además de la foto, Benja quiso hacer un video. Ahí va:



Después de almorzar, fuimos a ver a algunos de los personajes más pintorescos del lugar. Había un grupo que tocaba un blues medio altinoamericanizado, pero bien weno. Y un curao había la batería con un bambú gigante, pegandole a un letrero de la calle. Y todo el mundo se reía de él.
También vimos a varios jóvenes que para ganarse algunos pesos en el verano le vendían a los gringos artesanías que ellos habían hecho. Se notaa porque no eran de la mejor artesanía. Además, estaba todo super caro. El turismo es caro aquí en Argentina, comparado con todo lo demás. Pero los gringos y europeos lo pagan felices. Esta es la parte donde empiezo a pensar que todavía somos del 3º mundo, y que sólo podemos venderles a los gringos cosas pintorescas. Así funciona el mundo.

Después fuimos caminando hacia Corrientes. Era mucho, pero no nos dimos cuenta. Queríamos ir a Puerto Madero, donde está el puente La Mujer y el barco de Sarmiento, pero se puso a llover torrencialmente mientras pasabamos por la Casa Rosada, a la cual no le hemos sacabo fotos porque está muy descuidada y es sencillamente horrible, tan horrible que la tienen cercada con unas rejas y unos telones que tapan la vista. Bueno, se puso a llover mucho y corrimos hacia una cafetería bien chanta que encontramos abierta un día domingo a las 10 de la noche con lluvia torrencial. La idea era que habíamos traído cada uno un libro y queríamos sentarnos a leerlo en alguna cafetería, porque encontrabamos que para ser bonaerense había que hacer eso alguna vez. Y lo hicimos, pero no nos salió mucho porque la gente que lee libros en las cafeterías no va a cafeterías donde lo único que queda para tomar es una sprite light y donde hay de fondo una pachanga argentina eternamente larga. Esperamos que pasara la lluvia y de vuelta tomamos el metro, que tenía unos asientos rosados, acolchados y de terciopelo barato, muy kitch y muy chanta.

LLegamos y nos acostamos temprano. Al otrodía partiríamos a primera hora de la mañana a tomar un tren que nos llevaría a Tigre, al interior del Rio de la PLata. Pero esa es otra historia...

posteado por Pato.M. @ 12:11 p. m.,

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